|
|
||
¿Tiene tu jefe más "parla" que habilidades?Estupendo conversador, fabuloso relaciones públicas, el rey de los encuentros con los clientes y el compañero que todos querrían tener, pero un líder empresarial nefasto. No sabe nada del negocio, se escuda en los segundos de abordo y no tiene escrúpulos para colgarse una medalla ajena. Eso sí, en caso de fracaso, siempre encuentra a alguien a quien echar las culpas.
Ignacio García de Leániz, consultor y profesor de RRHH de la Universidad de Alcalá de Henares, asegura que este tipo de profesional "posee un nivel de conocimientos y competencias, sobre todo técnicas, muy por debajo de las requeridas para su puesto. Las tareas que hace son de escaso valor añadido y estorban más que contribuyen a la consecución de los objetivos del departamento y equipo de trabajo".
Paco Muro, presidente de Otto Walter, los denomina ‘figurillas’: "Son bien pagados por la cara, y no sólo son jefes, incluyo en esta tribu a técnicos y personal de staff. Es un profesional hábil donde los haya, pero solo para el escaqueo del trabajo y luego salir siempre en la foto". Añade Muro que "son gente amable y cordial, especialmente con los que le interesan. Suelen depende de un jefe con el que tienen una conexión especial hasta el punto que los mismos se sienten tan a gusto con esta persona que se no se dan ni cuenta de que profesionalmente es una inútil". ¿Cómo deshacerse de ellos?
No existe ningún motivo que justifique la existencia de estos jefes por la cara que enrarecen el clima laboral, desmotivan a su equipo y no contribuyen más que a llenar su propio bolsillo. García de Leániz afirma que "el jefe impostor supone un fraude gerencial que no encuentra justificación alguna. Dejan en evidencia los mecanismos de promoción, los criterios de evaluación y los modelos y valores empresariales". Y Muro dice que "solo en casos de necedad suprema se comprende esta situación y más" y, por otra parte, los califica de indestructibles: "Todos saben y ven que es un verdadero inepto, pero el consentido es el consentido, y solo se podrá acabar con él cuando cambie el jefe".
En este panorama tan oscuros, el presidente de Otto Walter ve un atisbo de esperanza: "Lo que puede se puede hacer es no picar en su sibilina habilidad de cargarle a otro el trabajo, y dejar que tenga que hacer el suyo, aun a riesgo de que algo se quede sin hacer. Son expertos en apelar a la responsabilidad de los buenos pero… ¡Hay que resistir la tentación!, al final acabará trabajando antes de quedar en evidencia". La ineptitud de estos perfiles resulta tan evidente que con un buen trabajo en equipo es posible desenmascararlos. Pero es complicado porque, como recuerda García de Leániz, "el poder formal, aquel otorgado oficialmente por la empresa, lo ostentan ellos. Esto supone una elevada cuota de poder coercitivo como recompensas, vacaciones, asignación de tareas, evaluaciones, etcétera". Una de las opciones que este consultor recomienda hacer con prudencia es "escalar el problema a su jefe y hablarle de los daños funcionales, operativos y de imagen que su desempeño produce. En aquellas organizaciones que posean un sistema de mentoring, también podemos hacer ver al mentor el problema de dirección y supervisión que padecemos". Una vez más la falta de gestión que adolecen buena parte de las organizaciones ensalza a puestos de responsabilidad a personas poco eficientes. Muchas empresas pierden estupendos comerciales que, tras su ascenso, resultan jefes nefastos. La evaluación y los resultados son la esencia de los recursos humanos y, a menudo, tener la humildad de rectificar a tiempo un ascenso poco meditado puede evitar problemas y salvar a una organización de un futuro incierto. Las empresas que no son capaces de gestionar de forma adecuada sus personas están condenadas al fracaso empresarial. El liderazgo es uno de los garantes, ¿por qué no conservarlo? Martes, 23 de Noviembre 2010
Artículo leído 307 veces
Añadir Comentario
También en esta sección:
|
||
|
|
||
Presentación













Aterrizan en España las Pink Slip Party 












